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ROMA - SAN PEDRO DE
ROMA - BASILICA DE SAN PEDRO
BASILICA DE SAN PEDRO
SAN PEDRO DE ROMA
La Basílica de San Pedro de
Roma es sin duda la más importante y célebre de las iglesias de
todo el mundo, y es que aparte de sus dimensiones, su arquitectura
y la grandiosidad del conjunto que forma con la Plaza de San
Pedro, la Basílica de San Pedro es sobretodo la iglesia del Papa,
aquella en la que se celebran las misas y actos religiosos más
importantes para el catolicismo. En contra de lo que muchos
piensan esta basílica no es la catedral de Roma, ya que esta es
la de San Juan de Letrán, muchísimo menos conocida.
Para visitar la Basílica de
San Pedro, debemos desplazarnos hasta la Plaza de San Pedro (metro
Ottaviano), y allí la inmensa cola que sin duda nos encontraremos
nos dirá el camino a seguir, una cola formada no porque haya que
pagar una entrada (la visita a la Basílica es gratuíta), sino
porque hay controles con detectores de metales por seguridad.
Una vez pasado el control,
podemos visitar la Basílica en sí, subir a la cúpula (previo
paso por taquilla y por medio de un ascensor que precede a 320
escalones) para ver una maravillosa vista de Roma, y/o visitar las
tumbas de los Papas, ya que la mayoría de ellos están enterrados
aquí.
En definitiva se trata de
una visita imprescindible y que no decepciona en modo alguno. La
basílica es realmente espectacular por sí misma, y por si
esto fuera poco los lienzos y esculturas que alberga (destaca La
Piedad, de Miguel Angel) serían una excelente colección para un
museo.
CONSTRUCCION E HISTORIA DE LA BASILICA DE SAN PEDRO DE ROMA
Al igual que la mayoría de
las grandes iglesias y catedrales, la Basílica de San Pedro de
Roma ha sufrido diversas modificaciones desde que se inició su
construcción allá por el 324 en el mismo lugar donde se cuenta
que fue martirizado y enterrado San Pedro, y donde existía un
monumento conmemorativo al respecto.
La finalización de la
construcción de la Basílica y su consagración tuvo lugar en
1626, y en su construcción intervinieron arquitectos de la talla
de Rafael, Bernini o como no, el gran Miguel Angel.
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